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Contaminación en curtiembres de Florida

Los vecinos están en cueros

César Bianchi

 

Daniel Bonilla no se resigna a sentir el mismo olor a cuero podrido y productos químicos todos los días, a toda hora. Y eso que hace cuatro años que vive literalmente pegado a la curtiembre El Águila (Kindale S.A.). Su vecino Martín Kinlay, en cambio, sí está acostumbrado. "Qué le via` hacer", suspira. Ambos viven en el barrio La Calera, un asentamiento que se fue poblando de gente con escasos recursos.

Para Bonilla el hedor es lo de menos. A este yuyero, que recorre 40 kilómetros para juntar hierbas sanas para vendérselas a laboratorios Cabral, le importa mucho más la contaminación que, dice, sufre el río Santa Lucía Chico con los vertidos industriales de la curtiembre.

La sospecha de Bonilla y sus vecinos se confirma sólo a medias. Es cierto que el desagüe industrial de la curtiembre arroja números altísimos de contaminación y que no ha culminado su sistema de tratamiento de aguas, pero según la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) no está contaminando el Santa Lucía. El olor, eso sí, es intolerable.

Bonilla ofició de guía para mostrar aguas grises con tonos blancuzcos como consecuencia del cromo, el ácido sulfúrico y otros químicos que llegan al río a través de pequeñas cañadas que pasan exactamente detrás de la planta de El Águila.

El aspecto de las aguas de la cañada, de donde sale el vertido industrial, asusta. Y el hedor arruga hasta la nariz del más valiente, aún en un día apenas soleado de invierno. Dicen los vecinos que en verano el aroma que se cuela en cada hogar cercano a la curtiembre es sencillamente insoportable.

Bonilla y su padre, también yuyero -a quien su hijo llama así, Bonilla, a secas- mostraron corrientes de agua poco cristalinas, con tonos que van de beige a marrón, con matices blancos. Es la cañada que pasa exactamente por detrás de la empresa y desemboca en el Santa Lucía, metros abajo. Con un plástico que encontraron tirado sacaron de la corriente un material sólido negro, bien espeso. "Son restos de cuero que tiran al río".

Gisel, la esposa de Bonilla, contó que se quedaron sin cocina por el ácido que impregnó su precaria casa de madera. "La tiramos porque no daba para más". Un tal Ferreira, reparador de electrodomésticos, le dijo que no la podía arreglar. Sin embargo, sí les arregló la heladera (que, dicen, quedó fuera de circulación por el ácido que le destruyó un caño trasero), les cobró 1.300 pesos y les dio una advertencia: "no les va a aguantar mucho".

Bonilla y su mujer están convencidos de que la contaminación ha llegado al Santa Lucía y que, incluso, los montevideanos terminan bebiendo esas aguas "potables" que van a la represa de Paso Severino y quedan como reserva cuando en zona metropolitana hay escasez de agua. "Esa agua podrida la toman ustedes, nosotros no, porque la OSE en Florida toma más lejos".

La alarma de los vecinos de La Calera es un tanto exagerada, aunque la curtiembre aún no hizo todos los deberes.

Sin permiso

Una muestra extraída el 24 de junio por este cronista en la cañada a donde va a parar el desagüe industrial de El Águila arrojó resultados elocuentes. El análisis físico-químico de aguas residuales solicitado al laboratorio de química ambiental Ecotech tomó en cuenta los parámetros regulados por el decreto 253/79 que regula las normas para prevenir la contaminación de aguas.

Así estableció que la Demanda Biológica de Oxígeno (DBO), que según el decreto debe llegar a un máximo de 60 microgramos por litro (mg/L), en la muestra recogida del desagüe dio 574 mg/L. Los niveles de cromo dieron 7,4 mg/L cuando lo permitido es 1 mg/L, los de Sólidos Suspendidos Totales (SST) fueron de 593 cuando el máximo que permite el decreto es de 150 mg/L, las grasas y aceites dieron como resultado 98 mg/L, cuando el máximo debe ser 50, y los sulfuros arrojaron 10 mg/L, cuando se permite sólo un microgramo por litro.

Sólo los índices de PH (la acidez en el agua) y de plomo estuvieron entre los estándares tolerados.

Todos los efluentes tipicos de una curtiembre

De los resultados obtenidos se desprende que la curtiembre Kindale S.A. no cumple con las normas de vertimiento a un curso de agua. Tal extremo fue confirmado por autoridades de la Dinama.

"La empresa no tiene la Autorización de Desagüe Industrial (ADI), porque todavía no tiene terminadas las obras para su sistema de tratamiento de aguas", dijo la ingeniera química Rosario Lucas, jefa del departamento de Emisiones al Ambiente de la División y Control de Desempeño Ambiental, de Dinama.

Es más, facilitó resultados de muestras tomadas por la Dinama de 2004 a marzo de 2007 y en todos los casos superan ampliamente lo permitido por el decreto. El índice de DBO (marca la capacidad de oxígeno en el agua) que permite la norma ambiental es de 60 mg/L y en marzo a la Dinama le dio 140, y en 2004 le había arrojado 560 mg/L. O sulfuro, de donde se desprenden los olores que toleran los vecinos, dieron 13 en marzo, cuando el valor reglamentario es de 1 mg/L.

Lucas reconoció que las obras de tratamiento residual están avanzadas y que la empresa debió realizar una gran inversión para ponerse al día. El 30 de marzo se le terminó el plazo para finalizar las obras, que se le prorrogó por 60 días. La última inspección de Dinama, del miércoles 25, permitió comprobar que las obras continuaban inconclusas. Por eso el viernes 27 se le dio "vista" de que podían ser pasibles de multa. Ahora Kindale tiene 10 días para hacer sus descargos. Sino, será sancionada con una multa que puede ir de 100 a 1.000 unidades reajustables (de 32.400 a 324.400 pesos).

Dinama verificó que no se contaminó el Santa Lucía Chico en seis muestreos de 2005 a 2007 tomados en pleno río, a cuatro kilómetros de la curtiembre y a tres de la represa de Paso Severino. Los valores fueron normales, por lo que no pone en riesgo ni a los peces ni a los consumidores de agua potable.

El gerente de producción de la curtiembre, Ricardo Wallerstein, y su gerente técnico, el ingeniero químico Javier Osta, dijeron que la empresa ha invertido unos 700.000 dólares en la modernización de las plantas de tratamiento de líquidos y sólidos, que han minimizado la concentración de los peligrosos cromo 3 y sulfuro, (que tratan en forma independiente) y que están trabajando para satisfacer las demandas de la Dinama.

El olor a podrido que tanto irrita a Bonilla y al que ya se resignaron Kinlay y cuatro familias más consultadas, es una inquietud que los empresarios tienen en cuenta. "Es debido a la presencia de sulfuro y sodio. Para evitarlo hemos incorporado una planta de tratamiento de oxidación catalítica. Con inyecciones de aire hacemos que el sulfuro se convierta en sulfato, que es inocuo", dijo Osta.

Lucas, técnica de Dinama, dijo que la Intendencia de Florida les ha trasmitido la inquietud vecinal por el hedor proveniente de la curtiembre. Por eso a la brevedad le exigirán un plan de mitigación de olores que vaya más allá de la oxigenación de sulfuros, anunció.

Bonilla, Kinlay, Víctor Ghiena, presidente de la comisión barrial y otros vecinos, desconocen el significado de "oxidación catalítica" pero ya están hartos del aroma. "Las chapas de zinc se deterioran", dijo Ghiena. Y los techos de zinc abundan en el asentamiento.

En ellos ha impactado el "efecto Botnia": sostienen que hay contaminación pero, como están desempleados, aceptarían gustosos trabajar en la curtiembre. "Prefiero morir contaminado a morir de hambre", dijo Ghiena.

Muchos esperan las casas que la intendencia está construyendo para las víctimas de las inundaciones. Recién ahí se librarán de la estela intrusa. Recién ahí los electrodomésticos de Gisel van a funcionar normalmente.

Dinama las vigila de cerca

La ingeniería química Rosario Lucas, jefa del departamento de Emisiones al Ambiente de Dinama, aceptó trazar un mapa con la situación actual de las curtiembres más importantes del país:

Paycueros comenzó a operar en marzo su sistema de tratamientos de efluentes con última tecnología italiana. Tiene aprobado un proyecto de ingeniería en tratamiento de efluentes, aprobado y construido, pero aún no cuenta con la "frutilla de la torta", la ADI (Autorización de Desagüe Industrial).

La curtiembre Branaá hizo adecuaciones a su sistema de tratamiento de efluentes y está operando.

Bader, de San José, era una de las pocas privilegiadas con la ansiada ADI, pero la perdió porque ahora aumentará su producción y por ende, modificará su planta de tratamiento.

La también maragata Torial sí cuenta con su ADI vigente.

Las montevideanas París y Curti-France están terminando sus obras en el sistema de tratamiento industrial, en una situación similar a Kindale.

Kindale, más conocida como El Águila, está "de mitad de tabla para abajo", dijo otra fuente de Dinama, que pidió reserva. La fuente destacó la perseverancia del gerente técnico Javier Osta por su preocupación constante por satisfacer las demandas del organismo del Ministerio de Vivienda y Medio Ambiente, en detrimento de la desidia de sus dueños.

 

Publicado en el suplemento Qué Pasa, diario El País, 4 agosto 2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.



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